Resulta importante hoy pensar en la Reforma Universitaria de 1918, como una forma de acercarnos a la problemática actual de la Educación Superior.
En 2010 se cumplen 92 años del episodio político, cultural y pedagógico más importante de la historia de la Educación Superior argentina: La Reforma Universitaria de 1918.
Se trata de aquel proceso que se iniciara en la Ciudad de Córdoba, hacia finales de 1917, cuando comenzaron a hacerse sentir las protestas estudiantiles en el seno de la Universidad de Córdoba. Los acontecimientos comenzaron a partir de que el centro de Estudiantes de la Facultad de Ingeniería elevó una protesta a raíz de una ordenanza que imponía nuevas condiciones de asistencia a clase. El Conflicto, luego se profundizaría con el episodio que se suscitó en la Facultad de Medicina, cuando los estudiantes cuestionaron duramente el régimen docente vigente en la facultad y protestaron puntualmente por la supresión del internado para alumnos avanzados de la carrera en el Hospital de Clínicas, dependiente de la Universidad de Córdoba.
Más allá de los hechos puntuales, y de sus derivaciones para el caso de la Universidad de la provincia mediterránea, la movilización estudiantil, acompañada por docentes, e incluso graduados, habilitó al diseño de un ideario que transformaría para siempre a la Universidad Pública argentina, e incluso recorrería el continente americano aportando al ya frondoso debate político de la época en el continente.
Uno de sus principales referentes, Gabriel del Mazo, sintetizaría parte de ese espíritu y marco ideológico indicando que “La universidad es una República de estudiantes. Su condición republicana define su ética de servicio, como la calidad del estudiante, común a todos sus miembros. Da fundamento a la libertad que reclama.
Esta República exige coherencia interior, constituyéndose con plenitud de composición; y coherencia hacia fuera – con la república mayor – enlazándose con efectiva vocación popular.
La vieja universidad no se componía institucionalmente, ni siquiera por la totalidad de sus profesores. La nueva Universidad se enuncia como República de todos los estudiantes. Son estudiantes todos los copartícipes de la comunidad de estudios. Sus miembros van recibiendo graduación sucesiva: Alumnos, licenciados, profesionales, doctores, maestros.
Alumno es originariamente, “el que se nutre”; maestro es originariamente, “el mayor”. En la intimidad educativa, por cultura de reunión, se identifican los que aprendiendo enseñan y los que enseñando aprenden. No sólo nadie hay que a la vez pueda ser alumno y maestro, sino que todo acto educativo si conjuga autoridad y libertad, lleva en sí los posibles de un cultivo cada vez más penetrante y fecundo. Noble concepción que a nadie excluye; que a todos incorpora.
La universidad queda planteada como hermandad de estudiantes. Unos son maestros de otros más jóvenes, en reciprocidad formativa, y todos van graduándose en formación y saber sucesivos”.
Gabriel del Mazo escribió estas palabras hace más de sesenta años, seguramente en el marco de un objetivo de recuperación de los planteos estudiantiles de 1918. En ese sentido, aparece como estructurador del mensaje estudiantil la idea de que la universidad debe ser una República chica dentro de la república grande.
Esa república de los estudiantes, esa universidad integrada a los desafíos de la nación argentina, también se desarrolló en el marco de un conjunto de ideas que diseñaban una institucionalidad universitaria. Marcos conceptuales y diseños institucionales que permanecen en nuestras instituciones.
El movimiento Reformista construyó un pensamiento. Los valores nodales de dicho proceso, se pueden indicar a partir de la visualización de las dos direcciones implícitas en el movimiento:
La de extramuros, referida al imaginario social en el que se referencia, su pensamiento utópico; de fuerte contenido igualitario, libertario y latinoamericanista.
La endógena, referida al perfil que debe asumir la universidad para insertarse en una sociedad democrática y cumplir con el requisito de la excelencia académica.
En ese marco se destaca el valor de la autonomía, entendido como la protección frente a las posibles intromisiones del estado y sus organismos burocráticos, además de las propias presiones ejercidas por los grupos de poder y la propia sociedad civil. Este valor, por supuesto, no inhabilita interrelaciones específicas con algunos de estos sectores
Son fundamentales además los valores de el ingreso irrestricto, y la gratuidad de la enseñanza. Ambos, destinados al objetivo de universalizar la formación de grado. Instituciones que no están presentes en demasiados sistemas universitarios públicos del mundo.
La calidad de la enseñanza aparece asociada al valor de la pluralidad y democratización del conocimiento, en el ideario reformista. Por ello la libertad de cátedra se constituye en un valor asociado en esa búsqueda.
Como así también el Co-gobierno Universitario. Idea fuerza que derivó en las construcciones institucionales de los consejos directivos de las facultades y superiores de las universidades. Tendiente a garantizar la participación de los claustros de la comunidad en la toma de las decisiones. Estudiantes, docentes y graduados, son los responsables del gobierno de las instituciones educativas y de fijar su política académica, administrativa, de investigación y de extensión.
En definitiva, es evidente que el movimiento reformista, si bien encontró sustento en antecedentes nacionales e internacionales de larga data, puede decirse, creó e impulsó con energía inusitada, un nuevo concepto de democracia académica y de "república universitaria".
Este fue el marco conceptual a partir del cual se construyó y diseñó el sistema público universitario argentino. No sin tensiones, claro. Los gobiernos autoritarios y las dictaduras que se sucedieron en nuestro país, anularon el funcionamiento democrático en las universidades. Esas fueron, sin dudas, las horas más tristes de nuestra universidad y de nuestro país.
Hoy, a noventa y dos años de aquella gesta, sus preceptos permanecen en las universidades públicas. No sin debate, por cierto. Eso sería contradictorio al propio proyecto de universidad reformista. Pero Argentina ha cambiado mucho desde entonces, y las Universidad, merced a los valores reformistas, ha logrado, entre otros aspectos, años de desarrollo institucional, acompañado por altos procesos de masificación.
Los cambios de contexto, e internos, reclaman, como siempre, un debate de fondo. Para una Universidad Pública mejor, con más calidad, sin dudas hace falta más Reforma Universitaria. Y el modo reformista de construir ese debate, es con plena participación y respeto de las diferencias. La universidad se autotransforma a partir de la decisión de sus integrantes. Y una universidad es, precisamente en función de que no hay una sola manera de encarar esas transformaciones
Es por ello, que a noventa años de la gesta estudiantil más importante de nuestra historia, que construyó una noción de universidad que en sus bases fundamentales permanece, proponemos consideramos los valores del reformismo, sus construcciones institucionales, como una parte importante a ser inscripta con mayúsculas en la historia de nuestro país.
Material Bibliográfico consultado:
1-“Voces, luchas y sueños. Historia oral del movimiento estudiantil argentino”. Daniel Cano – Ana Aymá. ED. U.N.L.-CEPRU.
2-”Estudiantes y Política en América Latina. El proceso de la Reforma Universitaria”. Juan Carlos Portantiero. ED. Siglo Veintiuno.
3-“La Reforma Universitaria (1918-2006). Alberto Ciria – Horacio Sanguinetti. ED. U.N.L.
4-Hugo Biagini: “La Reforma Universitaria. Antecedentes y consecuentes”. ED. Leviatán.