
CANTERA POPULAR (2003 – 2009…) UNA HISTORIA QUE RECIEN COMIENZA… (Los hechos que se relatan son sólo algunos retazos de militancia de un nutrido grupo de militantes de la Unión Cívica Radical entre los años 2003 y 2008. Se encuentra en estado de construcción, apelando a la memoria de sus protagonistas. Los aportes pueden dirigirse a historia@cantera.org.ar)
Antecedentes
El 10 de diciembre de 1999 la “Alianza”, una inédita experiencia de coalición de partidos (Unión Cívica Radical y Frepaso), asumía el gobierno, en el marco de una enorme expectativa de la mayoría de los argentinos, deseosos de dejar atrás la década menemista. Veintiún meses después (julio de 2001) renunciaba a su cargo el Vicepresidente de la República y líder principal de una de las fuerzas que integraba la coalición, hiriéndola de muerte como tal. En octubre de ese mismo año el gobierno era derrotado en las elecciones legislativas y en diciembre caía en medio del repudio generalizado, no sin represión y violencia. Las generaciones más jóvenes del radicalismo habíamos tenido un importante protagonismo en la lucha contra las políticas neoliberales del gobierno de Carlos Menem, y militado entusiastas la construcción de la Alianza como alternativa.
Nacidos a la política en democracia e identificados internamente en el alfonsinismo y sus vertientes, nos estructurábamos en las dos organizaciones juveniles del partido: la Juventud Radical y la Franja Morada. El liderazgo del movimiento estudiantil nos permitía posicionar a la FUA (Federación Universitaria Argentina) en la coalición de las organizaciones sociales que antecedió a la coalición política. Durante un tiempo importante la FUA fue la exclusiva, y respetada, presencia del radicalismo en el ámbito de movimientos sociales como el Frenapo (Frente Nacional contra la Pobreza), que dieran origen a las Marchas por la Justicia, el Trabajo y la Educación, convocadas entre otras organizaciones por el CTA (Congreso de los Trabajadores Argentinos) y la propia FUA.
El desencanto y la progresiva frustración de los argentinos no nos resultaban ajenos, ni nos sorprendió en diciembre de 2001. Los jóvenes militantes del radicalismo no habíamos comprendido la designación de tantos economistas “confiables para los mercados” en el primer gabinete de Fernando de la Rúa. Especialmente nos producía escozor la presencia de Juan José Llach en el Ministerio de Educación de la Nación. Resultó casi intolerable el recorte a los jubilados y ya no limitamos al ámbito interno nuestras críticas, saliendo a la calle y a los medios de comunicación, cuando Ricardo López Murphy propone un recorte del 30% al presupuesto de las Universidades Nacionales en su intento por combatir el déficit público.
Discutimos mucho, y fuerte, con Raúl Alfonsín, entonces Presidente del Comité Nacional de la Unión Cívica Radical, quien se esforzaba en reencauzar, en un comienzo, el proyecto aliancista, y ya sobre el final, intentar un salvataje del Presidente radical. Debatimos con vigor hacia el interior de nuestras filas, donde las opiniones sobre el radicalismo, respecto al Gobierno y acerca de las propias organizaciones juveniles, distaban mucho de ser homogéneas. La tensión más importante era la que ponía en contradicción el respeto por aquellos valores por los cuales todos habíamos abrazado al radicalismo, y la defensa de un gobierno, radical en las formas, pero ajeno y lejano en relación a sus principales políticas públicas. Pero no era la única. Importantes transformaciones en nuestra propia cultura política ponían en jaque los valores de una generación que se debatía entre las seducciones que el “poder” ejercía sobre ella, y la consecuencia con los principios.
Así y todo, asistimos con dolor a la caída del Gobierno de Fernando de la Rúa. El puñado de militantes que algún tiempo después daríamos origen a la Cantera Popular, casi todos con responsabilidades nacionales en las organizaciones juveniles del partido, nos encontramos por aquellos días aciagos en la Plaza de Mayo y alrededores, en las espontáneas manifestaciones de bronca de los porteños, que se repetían y multiplicaban en las principales ciudades del país.
Caído el gobierno y abierto el trabajoso proceso de transición parlamentaria que culminaría con la asunción de Eduardo Duhalde, nos abocamos de inmediato a la contención de nuestras organizaciones. Otra vez discutimos con Raúl Alfonsín la pertinencia o no de integrar el gobierno, denominado por entonces de “unidad nacional” de Eduardo Duhalde. Quienes militábamos en la Franja Morada, teníamos, en enero de 2002, una preocupación adicional: enfrentar el Congreso Ordinario de la Federación Universitaria Argentina que debía llevarse a cabo en marzo de ese año en la Universidad Nacional de Córdoba. Había que retener la Presidencia de la FUA (en manos radicales desde el retorno a la democracia), en un marco de crisis interna, política y de identidad, y con el histórico abanico de agrupaciones de izquierda fortalecidas por el proceso asambleario y de crisis de los partidos tradicionales.
Con esa consigan fuimos al XVIII Congreso Nacional de Franja Morada, realizado en la Universidad Nacional de Río Cuarto los días 14 al 17 de febrero de 2002. No más de 500 militantes de todo el país (quizás el Congreso menos numeroso en muchos años), con ausencia total de dirigentes partidarios cuya asistencia había sido una constante durante muchos años en los Congresos Ordinarios, preparamos a la organización para que llegara unida y movilizada a Córdoba, donde, con la presencia de una movilización histórica (aproximadamente 6.000 militantes de todo el país), los días 8 y 9 de marzo de 2002, retuvimos la conducción de la Federación Universitaria Argentina ante la mirada perpleja del resto de las fuerzas políticas del movimiento estudiantil que no esperaban semejante muestra de capacidad de recuperación de nuestra organización. Emiliano Yacobitti y Marcos Duarte son electos Presidente y Vicepresidente de la FUA. Hacía cuatro meses que había caído Fernando de la Rúa.
La Cantera Popular El esfuerzo realizado por militantes de la Franja Morada, provenientes de diversas tradiciones dentro del radicalismo (especialmente quienes se encolumnaban en el alfonsinismo y quienes lo hacían en la Corriente de Opinión Nacional), genera condiciones de convivencia inéditas en la historia reciente de la organización, en el marco de las cuales se pasa, más o menos rápidamente, de una estrategia de supervivencia y de administración de la crisis política, a otra vinculada a un proyecto para el partido y el país.
Durante todo 2002 se intensifican las conversaciones entre los referentes de los dos espacios tendientes a, por un lado, garantizar un proceso de recambio en las autoridades de la Mesa Nacional que debía realizarse a comienzos de 2003 (además de elegir a los candidatos a la FUA 2004-2006), y por otro lado, conformar un espacio político autónomo e independiente de las líneas tradicionales del radicalismo, dotado de un programa para la modernización y transformación del mismo, con el objetivo de recuperar su vocación mayoritaria y de representar a los más amplios sectores de la sociedad argentina.
El 30 de enero de 2003, en Sauce Viejo, Santa Fe, se redactan y aprueban los “100 consensos básicos”, documento fundacional de la Cantera Popular, constituido a la vez en Programa de Acción, a partir de cuya lectura, que debe hacerse contextualizando las afirmaciones en el marco de los debates de la Argentina de ese momento, podemos repasar el derrotero llevado a cabo por nuestro espacio político en los años subsiguientes. Así, un resumen de ese manifiesto permite afirmar que en él se propone:
a) Reafirmación de la Democracia Representativa como la mejor forma de gobierno, aún cuando se advierte que “las libertades no pueden ser sólo formales y abstractas”, sino que “deben corporizarse en una ampliación permanente de todos los sectores sociales en las decisiones políticas, en la afirmación de los rasgos culturales y en el disfrute de la riqueza nacional”. b) Adscripción al ideario de la Socialdemocracia, “la cual no renuncia, a pesar de las tensiones que ello implica, a combinar libertad con igualdad, profundizar la democracia, procurar la paz, promover la civilidad”.
c) Afirmación del rol central del Estado, ya que en su “recuperación radica buena parte de la resolución de los problemas nacionales”, y advierte que “somos conscientes que la virtual inexistencia del Estado converge en una pérdida creciente de capacidad de decisión estatal soberana sobre los sectores dominantes y un achicamiento de su capacidad de gestión”. También expresa que “impulsamos la construcción de un Estado fuerte, capaz de hacer posible en el marco de la convivencia pacífica, las demandas de las grandes mayorías. Creemos que ese Estado es imposible concebirlo desvinculado del equilibrio que otorga la división republicana de poderes”
d) Compromiso con el ideal de justicia, “depositamos en la idea superior de justicia la resolución de las controversias derivadas de intereses sociales antagónicos; creemos preciso dar prioridad a los postergados a la hora de gobernar, legislar o dictar justicia, sin por ello poner en riesgo la paz social que, de romperse, acabaría perjudicándolos aún más”
e) Reivindicación de los Partidos Políticos, pues “la democracia requiere ineludiblemente de ellos para su funcionamiento”, y que “frente a la crisis de representación de estos es indispensable recuperarlos, o crear partidos nuevos o coaliciones de partidos que reemplacen a los que mueren”. “Se requiere recuperar la política y contar con partidos vigorosos y renovados”
f) Pertenencia al radicalismo, “por definición ideológica, como instrumento válido aún para nuestra acción política”, pues “estamos convencidos que en los valores y principios históricos del partido radical, encontramos suficientes razones para abocarnos a la tarea de su reconstrucción, que nos permita rescatar la concepción de partido de masas de sus orígenes y ofrezca un programa de paz, bienestar y justicia para las grandes mayorías. Elegimos, por tanto, el camino de la recuperación del radicalismo”. Y agrega, “Si lo recuperamos de manos de quienes se sirven de su historia y sus principios para beneficio personal, el radicalismo puede todavía hacer un aporte singular a la resolución de la crisis del país”
g) Unidad del radicalismo, “el radicalismo, que alguna vez supo representar la causa contra el régimen, agoniza, y sus dirigentes más encumbrados aparecen ante la opinión pública disputándose sus despojos, poniendo al partido al borde de la ruptura, sin que ello sea al menos, por razones ideológicas”
h) Unidad del campo popular, “Observamos con disgusto el desencuentro e incomprensión mutua de quienes dicen representar a los sectores populares”, “el peronismo, depositario aún de una importante cuota de respaldo popular, desiste de ponerse al frente de un proyecto de recuperación nacional y se sumerge en interminables internas, sin poder resolver la crisis de liderazgo e identidad que le provocó el haber abrazado la doctrina neoliberal en los noventa. Los dirigentes que encarnan la “renovación”, empezando por el propio presidente de la República, están demasiado comprometidos con aquel proceso de destrucción nacional, como para ser depositarios de una renovada confianza popular”, “Otras expresiones legítimas de los sectores progresistas, como el sindicalismo democrático (CTA), el socialismo unificado o el ARI de Elisa Carrió, son con frecuencia ganados por la especulación, el egoísmo, la exclusión o el individualismo”, Frente a ello reafirmamos nuestra vocación de trabajar por la unidad de los sectores populares desde la recuperación de nuestra propia identidad, vinculada a los sectores progresistas del Partido Radical, sin por ello negar la existencia de otras expresiones con las cuales aspiramos, más tarde o más temprano, confluir”
i) Conquista del poder formal del partido, ya que “ese es nuestro desafío principal en el mediano plazo: imponer un programa político progresista al partido, convocando detrás de él a vastos sectores de la vida partidaria misma y de otros sectores de la sociedad”, “debemos proponernos en el corto y el mediano plazo la conquista del poder formal del partido, desalojando a numerosos sectores políticos que impiden o retardan estos objetivos, de su control mayoritario”
j) Necesidad de formular un programa, “Es en la formulación de un moderno programa político, orientado a incluir a los sectores expulsados del sistema por el neoliberalismo, que entendemos reside buena parte de la posibilidad de convocar a cientos de militantes radicales diseminados por toda la República presa del desencanto y la frustración, traicionados por sus dirigentes y descalificados por la sociedad”
k) Creación de una fundación política, técnica y de pensamiento, al afirmar en Sauce Viejo que “entendemos necesario contar con un instrumento visible mediante la figura de una Fundación”, para agregar que, “Desde ella, desarrollar políticas tendientes a contar con cuadros técnicos trabajando en la elaboración del programa, y estrategias de formación política intensivas para los integrantes de nuestra organización”. Finalmente, “es desde la Fundación que nos proponemos tejer relaciones con otros movimientos y organizaciones sociales representativas de los sectores populares”
l) Estrategia sin tiempo, “No emprendemos una carrera desenfrenada hacia el poder. No seremos gestores de una nueva frustración de los argentinos. Aspiramos a prepararnos concienzudamente, y a elegir los caminos más idóneos para, una vez alcanzado aquel, gobernar con lealtad a nuestros principios”
Firmaban aquella proclama de Sauce Viejo, en la Quinta del “Gordo” Eduardo Piedrabuena: Eduardo Winkler (Chaco), Daniel Domínguez, Natalia Menoret (Misiones), Miriam Schavoskoy, Ramón Bordón, Luis Peloso (Corrientes), Hernán Rossi, Hugo Marchetti, Mariano Cejas, Ariel Ramello, Ramiro Dal Aglio, José Gregoret, Carolina Piedrabuena (Santa Fe), Damián Fió (Rosario), Emiliano Yacobitti, Darío Urunaga (Capital), Javier Colman, Juan Pablo Casari, Eliseo Mendez, Martín Carranza (Río Cuarto), Alejandro De Angelis (Catamarca), Pablo Lombardi, César Cattáneo (Mendoza), Sergio González (San Juan), Maximiliano Abad (Mar del Plata), Esteban Varela (Tucumán), Daniel Benitez (Formosa), Marcelo Guouman, Gonzalo Tentor, Pedro Tomiozzo, Edgar Raimondo, Bruno Frizzo, Laura Cecotti (Entre Ríos).
Poco después, más precisamente entre el 14 y el 16 de marzo de 2003, en Huerta Grande, Córdoba, se reúne el XIX Congreso Nacional de Franja Morada, en el marco del cual se despliega por primera vez, al final del Congreso, en ocasión del discurso de la fórmula presidencial del partido (Leopoldo Moreau – Mario Losada), una inmensa bandera blanca y roja que con enormes letras negras rezaba Cantera Popular. Era la presentación en sociedad, en un Congreso de aproximadamente mil universitarios, del flamante espacio nacido en Sauce Viejo hacía pocas semanas.
Durante ese Congreso, la organización estudiantil del radicalismo renovó sus autoridades en un marco de intenso debate signado por el nacimiento, en los hechos, de un espacio interno autónomo de las líneas internas partidarias que había hegemonizado en la última década las adhesiones franjistas. La Cantera Popular imponía su criterio y un nutrido conjunto de regionales aprobaba la continuidad de esa estrategia al elegir, para suceder a Hernán Rossi en la Secretaría General, a su co-provinciano Mariano Cejas. El Congreso también decidía que en la FUA, en el Congreso que se realizaría un año después, a Emiliano Yacobitti lo sucedería el marplatense Maximiliano Abad, también de la Cantera. Ni la históricamente neutral Regional Córdoba quedaba afuera de aquel proceso: Marcos Duarte, estudiante de Derecho era el candidato a Vicepresidente de la FUA. La Cantera daba un paso importante en su primer objetivo, esto es, constituirse en referencia ineludible para los jóvenes radicales de la época. El próximo objetivo, un proyecto para la Juventud Radical, que permitiera unificar los esfuerzos de las organizaciones juveniles del Partido, aparecía cercano en el horizonte.
La lucha por el Comité Nacional de la Juventud Radical En los meses que siguieron al Congreso de Huerta Grande de la Franja Morada, la Cantera debate la necesidad de disputar el Comité de la Juventud, por entonces inmerso en un importante estado de desmovilización y debilidad interna. El Presidente electo en el último Plenario de Delegados, Alejandro Rabinovich, un militante del Ateneo del Centenario de la Capital, había abandonado el radicalismo para sumarse al ARI de Elisa Carrió. Poco después renunciaba a su cargo y lo sucedía el Vicepresidente 1°, Manuel Pagliaroni, quien no obstante permaneció en su Provincia, Chubut, quedando la organización carente de iniciativa política. Así y todo, antes de culminar el 2003, es convocado el Plenario de Delegados con una fecha extraña: 31 de enero del año siguiente.
El proyecto era tan sencillo como ambicioso, dado el estado de profunda crisis por la que atravesaba la UCR. Reorganizar la Juventud, movilizarla, dotarla de un plan de acción, marcar un rumbo en medio de la implosión generalizada del partido, por derecha y por izquierda. Preservar a la juventud partidaria de la tentación de los “atajos”, que había impactado duramente en la JR, evidenciado en un dato doloroso: al menos tres de los Presidentes de la organización, desde la recuperación de la democracia, militaban en otras fuerzas políticas, mientras que otros cuatro no lo hacían activamente en el radicalismo. En rigor, en 2003, el único ex – presidente que la JR podía exhibir en actividad partidaria era Jesús Rodríguez, el primero de la democracia. Evidentemente, algo había salido mal.
Había otros objetivos, ya esbozados con claridad en los cien consensos básicos, como lo eran la unidad de la Juventud y la Franja, la formación política de los militantes como estrategia de contención, de articulación. Como táctica organizativa. La Cantera proponía además dotar de un fuerte sentido nacional, y federal, la recomposición del radicalismo y de la propia JR. A todo ello, la impronta canteriana le adicionaba el rechazo a encolumnarse detrás de liderazgos agotados en el partido de Alem. De haberlos, surgirían de la propia nueva organización que se estaba fundando, y pertenecerían a las nuevas generaciones. Con ese programa Hernán Rossi, fundador de la Cantera en Sauce Viejo y ex – Secretario General de la Franja, es elegido por el espacio como candidato a la Presidencia del Comité Nacional de la Juventud, y se lanza a recorrer el país y a “construir” el mapa de los 72 delegados, cuyo padrón no estaba en ningún lado. La presencia y el compromiso de los militantes franjistas en las provincias son fundamentales en ese proceso a ciegas. Sobre fin de año, con fecha de Plenario establecida ya se sabe que habrá adversario interno: Cecilia Moreau, delegada por la Provincia de Buenos Aires y Secretaria General “a cargo”, del Comité Nacional, presidido, como se ha dicho por el chubutense Manuel Pagliaroni.
Nada sería sencillo. El Plenario 31 de enero naufragaría, y se elegirían dos conducciones, lo que derivaría en una inédita intervención de la Juventud Radical, por parte del Comité Nacional presidido por Ángel Rozas. El chaqueño sentiría la presión en su propio terreno, cuando los días 20, 21 y 22 de febrero se realiza en Resistencia el XX Congreso Nacional de Franja Morada, y el grueso de la militancia, encabezada por la propia Regional local, le hace saber su disgusto por la decisión tomada.
El golpe era duro, la intervención se establecía por seis meses y para entonces, el candidato del espacio cumpliría 32 años, es decir, excedería la edad establecida. La excepcionalidad de la situación, sumado a la interpretación de que Hernán Rossi había sido elegido delegado por Santa Fe cuando aún tenía la edad estatutaria y que su mandato estaba vigente, hace que el espacio ratifique la candidatura. Se pone en marcha así un proceso, seis meses en total, que serían fundamentales en el delineamiento del nuevo espacio. Es que el proceso que había concluido el 31 de enero, aún con su sabor amargo, había permitido incorporar al proyecto a un conjunto importante de militantes, entre delegados y referentes juveniles.
Así, la Cantera sale a recorrer el país, con el objetivo de fortalecer la propuesta política. Esa “caminada”, se jalonaría con tres encuentros – Mendoza, Carlos Paz y Corrientes, que tenían a su vez un triple objetivo: 1) Enérgica protesta por la intervención del Comité Nacional; 2) Mantener movilizada, pese a la intervención, a la Juventud Radical, a través de sus delegados, que en número creciente se sumaban al espacio; y 3) Ampliar la base de sustentación de la candidatura.
El encuentro de Corrientes, realizado una semana antes del nuevo Plenario de Delegados, convocado por el Interventor Santiago López para el 13 de agosto de 2004, ya mostraba una confluencia importante de voluntades que hacía muy sólida la posibilidad del triunfo. El 7 de agosto, desde el Hotel Turismo de la Ciudad de Corrientes, los delegados reunidos no permiten que la proximidad del Plenario desviara sus profundas preocupaciones y alertan sobre el estado del partido y del país.
Eran tiempos de auge del kirchnerismo y de la “transversalidad”, y los jóvenes radicales decían: “Sabemos que están soplando dificultosos vientos en el Radicalismo. En los últimos años el rumbo político se ha visto tironeado permanentemente por acciones u omisiones de sectores interesados en intervenir en la vida interna de la UCR, desnaturalizando su esencia y pretendiendo convertirla en una materia maleable, adaptándola a sus intereses personales y mezquinos. La presencia de una fuerza política con pretensiones hegemónicas que se proyecta desde el ámbito nacional y la grosera acumulación de poder que eso significa, son elementos insoslayables de nuestra realidad política. La presión ejercida sobre algunos dirigentes radicales, ha llevado la cuestión interna hasta límites que muchos no han podido, o no han querido, soportar. Así llegamos a las últimas elecciones presidenciales, que fue el momento culminante de nuestro retroceso electoral…”.
La Declaración culminaba con una ratificación de la candidatura de Hernán Rossi, mientras los delgados firmaban bajo una consigna que sería una constante en los años subsiguientes; la pregonada por Moisés Lebensohn medio siglo antes: “Queremos una Juventud que pronuncie su mensaje con valor y vigor, no una Juventud adocenada que cumpla con mansedumbre bovina las órdenes que llegan desde arriba”. Firman, Rafael Aisama (Jujuy), Julio Paredez (Chaco), Horacio Kunz (La Pampa), Facundo Prades (Santa Cruz), Favio Cantero (Misiones), Sabrina Cabrera (Santa Cruz), María Belén Sticca (Córdoba), Alfredo Farías (Chaco), Ariel Soto (Jujuy), Nahuel Ibazeta (San Juan), Dardo Villa (Tucumán), Emiliano Afara (Córdoba), Carolina Montenegro (Santiago del Estero), Raúl Alejandro Eckell (Entre Ríos), Marina Vasileff (Chaco), María Eugenia Mercado (Tierra del Fuego), Guillermo Perassi (Neuquén), Andrea Minerva (Formosa), Marcelo Más (San Juan), Fernando Glatigny (Mendoza), Diego Coronel (Mendoza), Pablo Amador (Tucumán), Verónica Vilchez (San Juan), Germán Vigliocco (Santiago del Estero), Natalio Traguetti (Formosa), Ricardo Rodas (Corrientes), Marcela Pape (Río Negro), Ricardo Casanova (Río Negro) y Ariel Bernatene (Río Negro). Días después, el 13 de agosto de 2004, el Plenario de Delegados del Comité Nacional de la Juventud Radical, elegía a Hernán Rossi Presidente, con el voto de 45 delegados. Había costado, pero la Cantera Popular cumplía uno de sus objetivos más trascendentes en su camino hacia la recuperación y reconstrucción partidaria.
Ahora la Juventud El 6 de octubre de 2004 se realiza, en la histórica Federación de Box de Buenos Aires, la asunción formal de autoridades. Con la “excusa” de recuperar el espacio público, se trataba de presentar en sociedad el programa canteriano. Hernán Rossi, único orador de la noche (se invitó a las autoridades partidarias, pero se resolvió que en esa oportunidad al ser un acto de la Juventud, no harían uso de la palabra), aprovechó para desgranar buena parte del manifiesto de Sauce Viejo, ante una joven y entusiasta audiencia. “Venimos a renovar el orgullo de ser radicales y a reconstruir el partido, evitando los atajos que tentaron a otros ex – correligionarios imantados por el poder, para darnos una estrategia sin tiempo que nos devuelva un radicalismo que, intransigente en sus principios históricos, se comprometa profundamente con las necesidades actuales de los sectores populares”. En la primera fila escuchaba el Presidente de la Convención Nacional del Partido, Adolfo Stubrin, una de las pocas autoridades que habían aceptado el convite. Asistir pero no hablar. Era el tiempo de que hablara la Juventud.
La Juventud ya había hablado, días antes, el 18 de agosto de 2004, sobre el rumbo de los acontecimientos en el país, cuando en un Comunicado expresa que “Kirchner no cree en el diálogo político que pregona”, y que el radicalismo “debe abstenerse de participar de cualquier diálogo que no sea el que naturalmente se lleva a cabo en el marco del Estado de Derecho, es decir, el que se desarrolla en el ámbito del Congreso de la Nación, donde los partidos de la oposición dialogan con el partido de gobierno, acordando agendas y políticas de estado...”, y agrega: “resulta fundamental para el fortalecimiento de nuestra democracia representativa que la ciudadanía distinga entre gobierno y oposición, de manera de visualizar la alternativa si decide cambiar la voluntad de su voto. No debemos amontonarnos los partidos bajo la falsa consigna de la Unidad Nacional, ya que ésta se realiza a través del pacto fundamental que es la Constitución Nacional…”.
Un mes más tarde, ante denuncias de desestabilización institucional por parte del presidente Néstor Kirchner, la Juventud Radical insistiría: “La mejor manera de defender la democracia frente a los ataques de la derecha vernácula, siempre agazapada y dispuesta a dar golpes institucionales o de mercado, es fortalecer el sistema de partidos, construyendo desde la oposición política una alternativa que sea visualizada como tal por la sociedad…”. Es decir, reconocía latente el peligro de la reacción autoritaria, sin dejar de marcar el rumbo, pegando allí donde al Gobierno Nacional, empeñado en la cooptar mediante la “transversalidad” a dirigentes de la oposición, más le dolía: reivindicar a los partidos como columnas fundamentales de la democracia.
La Juventud volvería a hablar, poco después del Acto de la Federación de Box, en el mes de octubre. Fue en ocasión del Congreso Doctrinario convocado por el Comité Nacional del partido, en un intento por contener la sangría de dirigentes y de votos en tiempos del primer kirchnerismo, que amenazaba con robarle al radicalismo buena parte de sus banderas progresistas. En el acto inaugural, el Presidente de la Juventud Radical decía, “…tenemos que superar obstáculos. En primer lugar, tenemos que superarnos a nosotros mismos, los militantes políticos. Muchos han caído víctima de la frivolidad, y en vez de ver a la política como una vocación de servicio, en algunos casos esto se ha entendido como una vocación de servirse.
Otros han exagerado la democracia interna de los partidos y la han desnaturalizado, a través de internismos que impiden la discusión seria de los problemas. Y hay otros, son los seguidores de encuestas, que de acuerdo a como dicen las encuestas que piensa la gente, dicen lo que se espera de ellos…cuando uno ve que la sociedad está equivocada hay que saber romperse la cabeza contra la pared y decir realmente lo que se piensa, de lo contrario se acaba la política”. En ese Congreso Doctrinario, el Comité de la Juventud presentaría para el debate un documento sobre la Situación de la Juventud en la Argentina.
El Instituto Lebensohn El 31 de marzo de 2005 la Cantera Popular daría el puntapié inicial de uno de sus objetivos fundacionales básicos, presente en el manifiesto de Sauce Viejo: dotar a la Juventud del partido de una institución que sistematizara y garantizara en el tiempo, de manera democrática y eficaz la formación ética y la capacitación política y técnica de sus militantes. Era presentado en sociedad, en el Restaurante Lalín, el Instituto de Pensamiento y Formación Moisés Lebensohn. Asistieron más de 300 comensales, entre ellos, el Presidente del Comité Nacional Angel Rozas, el Presidente de la Convención Nacional, Adolfo Stubrin.
El Instituto, cuyo primer Presidente fue José María Ramón, concretaba otro consenso básico de la Cantera: la unidad de acción de la Juventud Radical y la Franja Morada, aspiración que era realzado por sus autoridades máximas en sus discursos de la noche: Hernán Rossi, por la Juventud Radical, y el misionero Mario Alarcón, quien había sido electo Secretario General de la Mesa Nacional de la Franja Morada poco antes, durante el XXI Congreso Nacional de la agrupación, realizado los días 10, 11 y 12 de marzo de 2005 en la Universidad Nacional de Cuyo, en Mendoza.
El Instituto Lebensohn venía a llenar una vieja aspiración de los jóvenes radicales: contar con un instrumento permanente que sistematizara la formación política. Pero no sólo la capacitación preocupaba a sus fundadores; estaba presente en el espíritu del proyecto la idea de concretar un verdadero “think-tank”, de la mano de los sectores más dinámicos del partido, los jóvenes. Sin embargo, la principal motivación tenía carácter político. El diagnóstico era que en un partido que se atomizaba por derecha e izquierda, con dirigentes sumergidos en internismos salvajes, mientras el electorado les daba vuelta la espalda, tocando fondo con el 2% de los votos, era imprescindible apostar a la organización política y a la movilización, y había que hacerlo apelando a las mejores tradiciones. El Instituto asumió esa tarea, con la creación de su programa insignia: el Formadores Multiplicadores, democratizador y federal, que se propuso y logró construir una verdadera red de formadores capacitados por Equipos Técnicos reunidos en buena medida de las viejas camadas militantes de la Franja y la Juventud.
Tras un intento fallido por dificultades en el financiamiento de la actividad, finalmente, entre el 2 y el 5 de junio de 2005, en el Hotel Bauen de Buenos Aires, se realizaba el Primer Encuentro Nacional de Formadores Multiplicadores, con el objetivo de capacitar a más de 400 militantes de todo el país que luego volverían a sus provincias y ciudades a multiplicar el Programa de Formación Política 2005, integrado por diez módulos que, no sin evolución, permanecen hasta hoy. Ese encuentro se constituiría luego en el espacio anual de encuentro del Instituto Lebensohn, con las ediciones 2006 (FCE – UBA), 2007 (otra vez el Hotel Bauen), 2008 (Comité Capital de la UCR).
La Cantera Popular consolidaba de esta manera su estrategia hacia los espacios juveniles del partido, ubicando a sus principales militantes en distintos ámbitos de conducción de los mismos. El 26 de agosto de 2005, el ex – presidente de la Federación Universitaria Argentina y fundador en Sauce Viejo de la Cantera, Emiliano Yacobitti, era elegido para ocupar la presidencia del siempre estratégico Comité Capital de la Juventud Radical.
Con el Instituto Lebensohn como herramienta, los canterianos se lanzaron a visitar a la militancia de todo el país. Sólo en la primera etapa que va hasta fines de 2006, recorrieron más de 100.000 kilómetros. Esta impronta, vinculada a la fuerte convicción radical del movimiento, los llevará a convocar a la Mesa Directiva de la Juventud Radical a deliberar en Humahuaca, el 1 de octubre de 2005. En la Declaración final de esa reunión, que expresa el apoyo de la organización juvenil a los candidatos partidarios para las próximas elecciones legislativas (23 de octubre), no ahorran críticas al Gobierno Nacional: “…no advierte el Gobierno del Presidente Kirchner que no existen en el mundo ejemplos de desarrollo en Democracia sin un respeto profundo a la ley y a las instituciones. Nos preocupa la baja calidad institucional que se promueve desde el partido de gobierno, tendiente a paralizar el Congreso, debilitar a los partidos, gobernar en forma plebiscitaria, así como la apelación permanente al doble discurso y a la descalificación del adversario. La democracia argentina requiere de la consolidación de un sistema de partidos moderno, que garantice la alternancia política y el plural debate de ideas…”
A las permanentes visitas a las diversas provincias, se le sumaron en ese 2005 tres campamentos regionales: La Paz (Mendoza), Río Piedras (Salta) y Las Toscas (Santa Fe), cuyos debates estuvieron fuertemente atravesados por la situación que se generaba ante la inminente diáspora de gobernadores e intendentes del partido hacia el oficialismo kirchnerista. Esos debates, inspirarían la Carta Abierta de la Juventud Radical a los Gobernadores radicales, titulada “No todo se compra, no todo se vende”, del 22 de noviembre de 2005: “…creer que es posible construir una concertación a la chilena, a partir del liderazgo de un presidente tan poco respetuoso de las leyes y la Constitución a la hora de acumular poder es, cuanto menos, una ingenuidad, sino una falta de respeto hacia quienes en el país trasandino construyeron durante años una alternativa política basada en el respeto y comprensión mutua de líderes auténticamente democráticos…”
En tanto, el Instituto Moisés Lebensohn avanza en su consolidación, como lo previeran los fundadores de Sauce Viejo y, en noviembre de 2005, seis meses después de su presentación pública, realiza su primer balance de gestión, a través de un documento que es compartido con las gestiones de la Juventud y la Franja, e intensamente debatido en los campamentos regionales de ese fin de año. “Somos la dignidad rebelde”, es el sugestivo título elegido para la proclama.
El viernes 3 de marzo de 2006 se realizaba el Plenario del Comité Nacional de la Juventud Radical que elegía como nuevo Presidente al delegado cordobés y militante de la Cantera Popular Emiliano Afara. La nueva Mesa Directiva en pleno, participaría unos días después – 10 al 12 de marzo – del Congreso Nacional de Franja Morada, que ese año se realizaba en Posadas, Misiones. La compenetración política y militante de ambas organizaciones juveniles, ya era total.
El 25 de abril de 2006 el Comité Nacional de la Juventud Radical reacciona indignado a los habituales ataques del Presidente Néstor Kirchner al radicalismo. En esos días el mandatario había aludido una vez más a la circunstancia del adelantamiento de la entrega del mando por parte de Raúl Alfonsín en 1989. Decía un comunicado firmado por Emiliano Afara: “Si hay algo que ningún argentino puede poner en tela de juicio es el compromiso del gobierno radical de la década del ochenta con la recuperación y consolidación de la democracia argentina”…”más allá de errores propios, la hiperinflación de 1989 se debió a la articulación de un proyecto neoliberal posterior que todos conocemos. Es decir que la crisis fue la antesala de la consolidación del gobierno menemista, el cual Kirchner defendió con uñas y dientes”.
El 2006 fue un año de crecimiento y consolidación del Instituto Lebensohn, que rápidamente comenzó a convertirse en una referencia en todo el radicalismo en materia de formación y capacitación política. La Juventud Radical de la Ciudad de Buenos Aires, conducida por Emiliano Yacobitti, organiza el Curso de Formación Política de diez módulos que los Equipos Técnicos del Lebensohn habían ideado para el Programa Formadores Multiplicadores, que ya se realizaba en numerosos puntos del interior del país. El Comité Capital de la UCR permanecía por entonces la mayor parte del tiempo cerrado, y aquella actividad, realizada los días sábado en el salón Balbín del cuarto piso, sería una de las pocas realizadas en la Casa Partidaria de Tucumán 1660 durante 2006, entre mayo y noviembre. Poco a poco, los jóvenes de la Cantera iban ganando protagonismo.
El 20 de mayo nuevamente la Juventud Radical se ve en la obligación de cuestionar al Presidente Kirchner, en esta oportunidad la crítica se vincula a algunos aspectos de su política de derechos humanos, más específicamente a su voluntad de construir una “nueva historia” de la lucha por los DDHH en el país. “Inconsultamente, el Gobierno Nacional tomó la decisión de incorporar un nuevo prólogo a la última edición del informe “Nunca Más”… “Con estas actitudes, el Presidente busca posicionarse como el único dueño de la defensa de los derechos humanos. No sería extraño que próximamente se arrogue la creación de YPF, la Reforma Universitaria, la recuperación de la democracia o el Juicio a las juntas…” No resultaban casuales los ataques del Gobierno Nacional al radicalismo, pues de eso se trataba. Consolidado ante la opinión pública por la buena marcha de la economía, la cual, prudentemente conducida por Roberto Lavagna desde el Ministerio de Economía había permitido revertir las consecuencia más duras de la crisis de comienzo de siglo, Néstor Kirchner avanzaba en su plan de destrucción del único Partido en condiciones de ser el eje de una alternativa no peronista en la Argentina. La famosa y brutal “transversalidad” daba paso a la un tanto más estilizada y fundamentada teóricamente “concertación”, aunque los métodos se evidenciaban iguales. Utilización de la caja oficial para condicionar dirigentes de la oposición, especialmente Gobernadores de Provincia e intendentes.
El radicalismo crujía y la Juventud Radical, endurecía su posición frente a los correligionarios sensibles a la estrategia oficial. El 30 de mayo de 2006, una nueva Carta Abierta tiene por destinatarios otra vez a los Gobernadores radicales y, en esta oportunidad, también a los intendentes. Sin vueltas, los jóvenes canterianos al frente del Comité Nacional de la Juventud expresaban: “Ante las crecientes versiones acerca de una posible alianza de gobernadores e intendentes radicales con el Frente para la Victoria, desde la Juventud Radical consideramos necesario hacer unas breves reflexiones. Entendemos la responsabilidad que las gestiones municipales y provinciales demandan y coincidimos en que hay que darle respuesta a diario a la sociedad, pero estamos convencidos de que el Gobierno actual no representa un proyecto a largo plazo, de carácter progresista y republicano, como defendimos históricamente los radicales”
Continuaba diciendo el comunicado firmado por Emiliano Afara, “La sociedad nos ubicó hoy en el lugar de la oposición y es el que debemos ejercer. Acompañando lo que está bien y cuestionando lo que está mal, como también hicimos siempre los radicales. No creemos en el fracaso del Gobierno, porque implicaría un nuevo fracaso para la sociedad. Creemos que el radicalismo, por su fuerza institucional y su estructura nacional, es el único posible articulador de una fuerza de oposición que, desde las propuestas y los proyectos pueda erigirse en una opción valedera. Para ello, creemos en la renovación, que bien puede venir de intendentes y gobernadores exitosos”.
Recorremos constantemente el país, hemos hecho entre la gestión pasada del Comité Nacional de la JR y la actual, que acaba de asumir, más de 100.000 kilómetros. Vemos como el militante radical está esperando la recuperación partidaria. Sólo necesitamos encontrar el rumbo. No le tengamos miedo a la popularidad coyuntural del oficialismo. ¿O acaso, no ha sido la historia del radicalismo, una historia de dificultades pasajeras?
En tanto, los días 23, 24 y 25 de junio de ese año 2006, en una Mar del Plata gélida, la Franja Morada, en cuya conducción nacional militaban canterianos conspicuos (el misionero Mario Alarcón y el santafesino Ariel Ramello, como Secretario General y Adjunto respectivamente), volvía a retener el liderazgo de la Federación Universitaria Argentina. Maximiliano Abad le cedía la Presidencia al también marplatense Mariano Marquinez. El primero había participado del encuentro fundacional de Sauce Viejo, aunque se había distanciado poco después. La Cantera no ubicaba a uno de los suyos en la Presidencia, pero vivía el proceso como un triunfo propio, pues la organización del Congreso, la negociación con las fuerzas políticas estudiantiles, fuertemente influenciadas por el kirchnerismo que no disimulaba su ambición por conducir el movimiento estudiantil, y el éxito final, eran responsabilidad principal de la Mesa Nacional de la Franja, que conducían. Finalmente, los negros vaticinios de muchos volvían a quedar desautorizados: la FUA seguía siendo radical y la Cantera había sido un actor clave en conseguirlo.
El 28 de junio el Comité de la Juventud repudia un nuevo hecho de autoritarismo kirchnerista, cuando al ex - presidente Raúl Alfonsín no se le permite ingresar a la Casa de Gobierno a rendir un homenaje a Arturo Illía, por los cuarenta años de su derrocamiento. No era un hecho aislado, el oficialismo avanzaba sobre las instituciones y hacía uso de su amplia mayoría legislativa para imponer leyes claramente antirrepublicanas. El 2 de agosto de 2006, la Juventud Nacional y la Juventud de la Capital rechazan los superpoderes delgados por el Congreso al Poder Ejecutivo para el tratamiento del Presupuesto, convocando a una Radio Abierta frente al Congreso. Emiliano Afara dice “los bufones de Kirchner creen que, por haber obtenido una mayoría de votos , están exentos de la obligación constitucional de rendir cuentas de la Ejecución del Presupuesto nacional”. Emiliano Yacobitti, Presidente del Comité Capital afirma por su parte convoca a “todos los ciudadanos a expresar su rechazo a esta maniobra encaminada a consolidar el proyecto hegemónico, corrupto y muy poco democrático del Presidente de la Nación”.
La Convención de Rosario A fines de agosto de 2006 se reúne la Convención Nacional de la Unión Cívica Radical en Rosario, Santa Fe. Allí va la Cantera Popular, con la responsabilidad de llevar la voz de los jóvenes y de los estudiantes radicales, a través de sendas organizaciones juveniles que conduce. Los debates no se anticipaban sencillos. El partido estaba fuertemente tensionado por los correligionarios concertacionistas, los llamados “radicales k”, que amenazaban con dar pelea y concurrir a debatir su postura de acompañamiento al Gobierno Nacional. Por otra parte, el 2007 sería un año de elecciones presidenciales, en la cual el kirchnerismo buscaría permanecer en el poder, lo que hacía especialmente tormentosos los debates en un partido carente de liderazgos unificados y con una sangría de dirigentes que no se detenía.
La Cantera aprovechaba la oportunidad para reunirse en Rosario y definir estrategias. La posición era clara: era preciso denunciar al kirchnerismo, haciéndolo responsable de la estrategia de destrucción de los Partidos políticos, en espacial del radicalismo, al tiempo que debían agotarse los esfuerzos por contener en el viejo tronco toda la militancia y la dirigencia que fuese posible. Los canterianos creían que un “expulsionismo revanchista” poco favor le haría al partido, aunque convenían que ante situaciones de claro alineamiento con el Gobierno Nacional no podía dejar de actuarse con todo el rigor que fuera posible.
El documento de la Juventud Radical, consensuado con la Mesa de la Franja, lleva a Rosario cuatro puntos: 1) Ningún acuerdo electoral resolverá por sí mismo los problemas del radicalismo; 2) La UCR tiene que ser oposición y trabajar en una alternativa socialdemócrata a este modelo de desigualdad; 3) Los órganos partidarios tienen que hacer todos los esfuerzos posibles por mantener unido al Partido; y 4) La Argentina necesita con urgencia políticas para la Juventud para garantizar el bienestar de sus futuras generaciones.
No se les escapaba a los jóvenes canterianos el debate que atravesaba al radicalismo en esos días. El posible impulso por parte del radicalismo de la candidatura del ex – ministro de Economía de Eduardo Duhalde y de Néstor Kirchner (se había distanciado en desacuerdo con la política institucional del Presidente), Roberto Lavagna. Raúl Alfonsín lo había bendecido y la cúpula partidaria del Partido lo había aceptado, al comienzo con reparos y luego más entusiastamente. La Cantera había hecho por su parte, a través del Instituto Lebensohn, gestiones de acercamiento y se pronto se reunirían con el ex – ministro. Sin grandes entusiasmos, se coincidía que al Partido se le haría difícil encontrar una figura competitiva que pudiera realizar un papel razonable en las elecciones presidenciales del año siguiente.
No era casual entonces, la fórmula elegida para cerrar aquel documento de la Convención de Rosario: “…¿Cómo no considerar a los responsables de la superación de la crisis argentina?, ¿a quienes hicieron el esfuerzo por sacar al país de aquella situación?, ¿Cómo no pensar en quienes son capaces de construir el andamiaje necesario para generar la alternativa que la democracia argentina tanto requiere?...”. Pocos días después, el 10 de setiembre, La Juventud Radical, La Franja Morada y el Instituto Lebensohn se reunían con el ex – ministro en sus oficinas de la calle Cerrito. Los temas tratados eran: la situación de la educación en la Argentina, la crisis por la que atravesaba la Universidad de Buenos Aires y las posibilidades de construcción de una alternativa al kirchnerismo.
Participaron Emiliano Afara, Juan Nosiglia, Ariel Ramello, Emiliano Yacobitti y Hernán Rossi. El 6 de octubre de 2006, Yacobitti y Afara firman un comunicado en representación de la Juventud de la Capital y Nacional respectivamente donde hacen explícita ante la opinión pública y ante el partido la determinación de acompañar a Roberto Lavagna: “…nuestra voluntad de trabajar para cumplir con el mandato de la Convención de Rosario del 26 de agosto, de hacer de la Argentina una nación avanzada, dando un salto adelante hacia el equilibrio institucional, el fortalecimiento del Estado y la cohesión social. Este programa demanda para ser ejecutado, una fuerza política distinta de la que hoy gobierna. Demanda una nueva coalición con convicciones políticas, económicas y sociales firmes y coherentes para forjar esas metas y la determinación para cumplirlas”.
Consolidación de una identidad En diciembre de 2006 se concreta el Segundo Encuentro Nacional del Instituto Lebensohn, el “Formadores Multiplicadores”, en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA. El Instituto empezaba a crecer y pronto se concretaría la apertura de las primeras filiales (el 13 de febrero del año siguiente Salta abriría la lista). Con presencia de representantes de numerosas provincias, el encuentro sirve para cimentar una identidad que desde entonces no dejaría de crecer. Es en ese marco que militantes de todo el país dejan para la cámara su testimonio que permitirá luego construir el primer video instituciones de la Juventud, la Franja y el Lebensohn. Mística militante, compromiso, apuesta a un proyecto colectivo y renovador, orgullo radical. Uno de los grandes objetivos, celosamente guardado en los corazones de los militantes de la Cantera, siempre había sido la recuperación del espacio público para la política, para la libre expresión de las ideas. La etapa vivida había hecho muy difícil ejercer esa legítima aspiración, conscientes como eran quienes dirigían el espacio del “repudio organizado”, muchas veces con violencia, al que era sometido el radicalismo por parte de algunos sectores. La imposibilidad de participar de las marchas del 24 de marzo era en ese sentido, una herida muy dura soportada por los militantes, especialmente en la Capital, ya que en el interior del país la situación era por lo general distinta. El 24 de marzo de 2007, al cumplirse 31 años del golpe de estado de 1976, una delegación de las organizaciones de la UCR marchó a plaza de mayo, adhiriendo al reclamo por la aparición con vida de Julio López, terminar con la impunidad y recordar a los 30.000 desaparecidos.
El Conflicto por la Federación Universitaria Argentina La Cantera Popular nació para renovar y reformar al Partido radical, con la intención de dotarlo de una nueva vocación mayoritaria y de reconciliarlo con la sociedad argentina para convertirlo así en vehículo de cambio. Las organizaciones y movimientos sociales son, en ese sentido, una parte medular del programa canteriano, y el movimiento estudiantil, sino el principal, uno muy importante. La construcción de una alternativa política debe compadecerse con una confluencia de voluntades que emergen de las organizaciones sociales, que legitimen esa construcción y le den sustentabilidad real. Los estudiantes argentinos pueden volver a convertirse en actores dinámicos, movilizadores y progresistas de la argentina, si somos capaces de recuperar al la Federación Universitaria Argentina para la política.
Por ello, ha sido una aspiración muy alta de la Cantera la posibilidad de volver a contar con un referente del espacio en la máxima conducción del movimiento estudiantil, en la Presidencia del mismo. Entre el 9 y 11 de marzo de 2007 sesionó en Santa Fe, el XXIII Congreso Nacional de la Franja Morada que, dificultosamente y no sin conflicto, renovó las autoridades de la Mesa Nacional y eligió los candidatos a Presidente y Vice de la FUA para el mandato 2007-2009. Fue electo Secretario General de la organización radical universitaria el canteriano Darío Utz, acompañado por Nora Toconaz (Salta), y Damián Quaglia (Rosario), en las Secretarías adjuntas. Para la FUA fue elegido Mario Liper Quijano (Nordeste), aunque su candidatura sería revisada por el espacio mayoritario a los efectos de priorizar la unidad de la organización, en un largo conflicto que culminaría un año después, durante el XXIV Congreso celebrado en Horco Molle, Tucumán, a comienzos del 2008. Allí, el Secretario General, Darío Utz, y la Franja del país enrolada en la Cantera, impulsaría hacia el resto de la organización un nuevo acuerdo de unidad que al poco tiempo mostraría importantes resultados.
Como consecuencia de ese acuerdo, fue elegida una nueva Mesa Nacional, con Sergio Duarte (Cantera Popular, Nordeste), como Secretario General, Matías Barrenechea (La Plata), como Secretario Adjunto, en tanto que la Presidencia fue cedida al militante de la Regional Lomas de Zamora, no alineado con nuestro espacio, Pablo Domenichini. La Vicepresidencia sí fue ocupada por un canteriano, Emiliano Bastía de la Regional Litoral. Poco después, del 18 al 20 de julio de 2008, fue realizado el Congreso de la Federación Universitaria Argentina, con enorme participación de la militancia de la Cantera Popular, en la Universidad Nacional de San Luis. Una vez más la Franja Morada ratificó su predominio en el frente estudiantil. La tarea de jerarquizar la FUA en el ámbito político y social del la Argentina, sigue pendiente, y es uno de los grandes objetivos – desafíos de nuestra organización para el futuro inmediato.
Una Nación Avanzada La Cantera Popular acompañó la estrategia partidaria que culminó con la consagración de la fórmula Roberto Lavagna – Gerardo Morales para las elecciones presidenciales del 28 de octubre de 2007. La ausencia de liderazgos importantes en el Partido, la necesidad de rescatar al Partido de los desastres electorales que mermaban su representación legislativa, la profunda herida provocada por la estrategia de cooptación de dirigentes por parte del kirchnerismo, el deterioro económico y social provocado por políticas gubernamentales erráticas que arrojaban por la borda el esfuerzo social que había significado la salida de la crisis, la coherencia que por entonces demostraba el candidato elegido (que había sido funcionario del gobierno de Raúl Alfonsín en los ochenta), fueron razones consideradas los suficientemente importantes por los jóvenes canterianos.
El jueves 10 de mayo del 2007 la Cantera participaba, en el teatro Gran Rex de Buenos Aires, del lanzamiento de la Concertación para Una Nación Avanzada. La condición que la Cantera siempre se había puesto a sí misma, era la del mínimo (aunque nunca satisfactorio), funcionamiento de los órganos partidarios que debían tomar las decisiones. El hecho no menor, de que el candidato fuese de extracción justicialista, no nubló la mirada de largo plazo que ese momento reclamaba. El Gobierno de Néstor Kirchner había acabado revelando su verdadera identidad, muy cercana a la del Menem de los noventa aunque con maquillaje progresista, y avanzaba en su intención de destruir a los partidos políticos y con ellos, los fundamentos básicos de la democracia representativa.
La principal líder de la oposición, Lilita Carrió, por su parte, se negaba a dialogar con el radicalismo. Sólo estaba dispuesta a hacerlo individualmente con radicales. No quedaban muchas alternativas. El tercer puesto sirvió para que el Partido conservara su condición de primera fuerza de la oposición en el Congreso y para remontar el 2% de la anterior elección presidencial. La posterior frustración, provocada por Roberto Lavagna con su insólito “pacto” con Néstor Kirchner, no invalidó las buenas intenciones del radicalismo en aquel proceso, y la sociedad pareció percibirlo. Roberto Lavagna desapareció rápidamente de la escena política nacional, aún cuando había sido un artífice importante de la salida de la crisis de comienzos de siglo, mientras el radicalismo comenzó lentamente a erigirse como artífice necesario de la constitución de una alternativa política.
Recordando a Lebensohn con Alfonsín En el fragor de la campaña, el Instituto Lebensohn organiza, y los militantes se hacen un tiempo, para recordar a uno de los máximos referentes juveniles de todos los tiempos del radicalismo: Moisés Lebensohn. Se cumplía cien años de su nacimiento y la Cantera convoca a todo el partido a un Acto en su homenaje, realizado el viernes 17 de agosto de 2007, en el Centro Asturiano de Buenos Aires. La frase elegida para promocionar la actividad, extraída de un discurso de Moisés Lebensohn de 1940, pretende advertir sobre la actualidad argentina y el rumbo que toman los acontecimientos a medida que Kirchner va mostrando su verdadero rostro: “La Libertad de los pueblos no consiste en palabras, ni debe existir en papeles solamente. Cualquier déspota puede obligar a sus esclavos a que canten himnos a la libertad; y este canto maquinal es muy compatible con las cadenas y opresión de quienes lo entonan. Si deseamos que los pueblos sean libres, observemos religiosamente el sagrado dogma de la igualdad. ¿Si me considero igual a mis conciudadanos, por qué me he de presentar de un modo que les enseñe que son menos que yo?”
Hablan en ese Acto, Hernán Rossi, anfitrión y Presidente del Instituto, Héctor Lebensohn, hijo de Moisés Lebensohn y Director del Diario Democracia de Junín (fundado por Don Moisés), Ricardo Gil Lavedra, Candidato a Senador por la UCR de la Capital, el Presidente del Comité Nacional Gerardo Morales y finalmente, el ex – Presidente Raúl Alfonsín. La Cantera deseaba homenajear a Lebensohn esa noche, y lo lograba, pero íntimamente cada uno de sus militantes sentían que también lo estaban haciendo con el hombre que había devuelto la libertad al país, hecho histórico del cual pronto se cumplirían veinticinco años, y que encontraría a la agrupación empeñada en festejarlo a lo grande.
25 Años de Democracia, para Siempre El 7 de diciembre de 2007 se realiza un nuevo Plenario de renovación de autoridades del Comité Nacional de la Juventud Radical. El comunicado del día siguiente dice textualmente: “A las 17:00 horas comenzó la acreditación de los delegados provenientes de los distritos. Estaban en condiciones de participar del mismo 57 delgados titulares y sus respectivos suplentes – los distritos de Tierra del Fuego, Corrientes, Mendoza, Río Negro y Buenos Aires no fueron parte debido a que se encuentran en proceso de normalización. Cabe destacar la conducta y el normal funcionamiento del plenario y la voluntad y coherencia de los jóvenes radicales en la búsqueda de consensos y conducciones legitimadas por las diferentes provincias y regiones.
La Cantera Popular obtuvo la mayoría de votos – 42 sobre 57 habilitados- lo que confirma el proceso de trabajo que emprendió la Juventud Radical”.
Juan Nosiglia, delegado por la Capital, era electo Presidente y la Cantera emprendía su tercer período en el Comité de la Juventud, con fuerte presencia de sus militantes en la conducción: eran electos para las Vicepresidencias de la Mesa Directiva 2007/2009, Nahuel Ibazeta (San Juan), Ramiro Pereira (Entre Ríos) y Miguel Belmonte (Salta), mientras que en la Secretaría General asumiría el delegado por La Rioja Miguel Pedone. Como representantes al Comité Nacional de mayores se elegía al presidente saliente Emiliano Afara y al delegado por Tucumán Dardo Villa, quienes poco después asumirían como Secretario de Prensa y de Políticas de Juventud en ese cuerpo, respectivamente, tal cual quedara reservado en el Plenario que se había realizado hacía pocos días y que había reelegido a Gerardo Morales en el Comité Nacional. En tanto, el Congreso Mundial de la Juventud de la Internacional Socialista, celebrado en Santo Domingo (República Dominicana) del 26 al 27 de enero del año siguiente, consolidaría el retorno de la Juventud Radical a los foros internacionales de la socialdemocracia, con la elección de Rodrigo López Tais (Primer delegado a la IUSY), para formar parte de la comisión de Control del Presídium).
El 2008 no fue un año más para los militantes de la Cantera Popular, como seguramente no lo fue para muchos argentinos a los que no se les escapó que, un cuarto de siglo atrás, el país había retornado a la democracia luego del período más oscuro de su historia. Para todos los argentinos, y para los radicales en particular, sería el año del reconocimiento a los muchos y muchas que habían construido aquella epopeya. Sin embargo, un solo hombre concentraba como nadie el símbolo que aquel logro: Raúl Alfonsín.
El 30 de octubre de 2008 la Juventud Radical realizó su homenaje ante un Luna Park desbordado, con gente espontáneamente movilizada (algo insólito en los últimos años), con emociones a flor de piel. Cuidando cada detalle, los jóvenes de la Juventud y la Franja le regalaron al radicalismo de todo el país, y a todos los argentinos, una espléndida fiesta de la Democracia. Y para demostrar que ella llegó para siempre, y que hay en las nuevas generaciones brazos dispuestos a defenderla para los tiempos, colmaron las tribunas dispuestas en el escenario, militantes de las generaciones más jóvenes del partido. Raúl Alfonsín no pudo estar físicamente, pero estuvo en el corazón y en el alma de cada uno de los asistentes al acto. El homenaje era de todo el radicalismo y, de alguna manera, de todo el pueblo argentino. Pero los jóvenes de la Cantera sentimos ese día que habíamos podido regalarle a Don Raúl, un homenaje digno de su lucha.
Sin embargo, el mejor homenaje, serán las páginas que podamos escribir en los difíciles años que vendrán, en la reivindicación de la política como herramienta de transformación, en la lucha por la consolidación de las libertades por las que él tanto luchó, en la tarea incansable por curar las heridas de un pueblo herido de engaño, de pobreza, de frustración. Por ello el 2009 encuentra a la Cantera Popular, como en los difíciles años de su fundación en Sauce Viejo, plena de desafíos y proyectos. Esta historia recién comienza. Argentina, agosto de 2009
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